Riego en uva de mesa: Cómo administrar el recurso hídrico en tiempos de escasez

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Un inadecuado manejo del riego en condiciones de escasez hídrica puede inducir a un inconveniente desarrollo vegetativo del cultivo, lo que perjudicará a la planta y, por ende, la producción de fruta.

Riego en uva de mesa: Cómo administrar el recurso hídrico en tiempos de escasez

Un inadecuado manejo del riego en condiciones de escasez hídrica puede inducir a un inconveniente desarrollo vegetativo del cultivo, lo que perjudicará a la planta y, por ende, la producción de fruta.

Claudio Balbontín N., CRI Intihuasi.

Déficit hídrico. Esta situación en uva de mesa puede inducir un bajo desarrollo vegetativo, baja productividad, calibres pequeños y mala calidad de la fruta en general.

La baja disponibilidad de agua para riego que enfrentan las regiones del norte del país ha obligado a los productores usar técnicas agronómicas modernas para administrar los recursos hídricos escasos. Las tendencias climáticas indican que las condiciones de aridización del país continuarán en el futuro, por lo que se espera que la baja disponibilidad de agua para riego sea permanente. Es en ese escenario donde cultivos como la uva de mesa deberán adaptarse.

Adicionalmente, los costos energéticos asociados a la aplicación del riego localizado y a los programas de fertilización, deben ser lo más eficientes posibles, debido al incremento de los costos productivos, la rentabilidad del negocio y al cuidado del ambiente. Un inadecuado manejo del riego puede inducir, entonces, a un inconveniente desarrollo vegetativo del cultivo. Riegos excesivos, por ejemplo, llevarán a que se produzca un mayor desarrollo de la vegetación y, por lo tanto, una mayor masa transpiraste, aumentando la demanda por agua. De igual forma, las condiciones sanitarias pueden verse deterioradas debido al “emboscamiento” del parrón, obligando al productor a realizar mayores controles sanitarios o actividades culturales como “abrir ventanas” para facilitar la ventilación. Por el contrario, un déficit hídrico puede inducir un bajo desarrollo vegetativo, baja productividad, calibres pequeños y mala calidad de la fruta en general.

Por estos motivos, el manejo del riego en condiciones de escasez hídrica exige un análisis cuidadoso de las condiciones climáticas, del nivel de desarrollo de las plantas, así como del suelo donde se desarrolla el cultivo. Y es que éstos representan los principales factores que definen la demanda y la disponibilidad del agua de riego aplicada.


Características del suelo

Dada la actual escasez de recursos hídricos, es fundamental utilizar sistemas de riego localizado, los cuales permiten alcanzar altos niveles de eficiencia en la aplicación del agua de riego. No obstante, la vid presenta aptitudes genéticas para desarrollar potentes sistemas radiculares. Por su parte, la profundidad somera de los suelos de la zona norte del país, unido a los patrones de humedecimiento superficiales generados por el riego localizado, inducen un desarrollo de raíces concentrado en los primeros horizontes del suelo.

De acuerdo a la observación en terreno, es posible afirmar que un 70% de las raíces totales de las plantas se concentren en los primeros 50 cm de suelo, mientras que el 90% se encuentra ubicado en los primeros 70 cm (Tabla 1).

Profundidad Franco Salt Creek Harmony
0-20 157 33,50% 295 36,40% 276 45,10%
20-40 130 27,70% 215 26,50% 132 21,50%
40-60 72 15,40% 132 16,30% 89 14,50%
60/80 73 15,60% 105 12,90% 53 8,60%
80-100 37 7,80% 64 7,90% 63 10,30%

Fuente: Adaptado Ibacache et al., 2013.

La definición de la profundidad efectiva de suelo, así como la densidad de raíces en profundidad y lateral, debe ser realizada utilizando calicatas, las cuales además permiten definir zonas y patrones de humedecimiento en función de los tiempos de riego utilizados. La caracterización de los ciclos de humedecimiento y secado del suelo puede ser realizado utilizando sensores de capacitancia enterrados a diferentes profundidades, los cuales permiten llevar un control tanto de los instantes de riego, las zonas humedecidas en cada riego, así como del agotamiento del contenido de humedad en el suelo entre los riegos. El uso de esta técnica contempla la definición de la humedad aprovechable (HA), la cual es estimada a partir de la diferencia entre la capacidad de campo (CC) y el punto de marchites permanente (PMP) del suelo, así como del establecimiento de umbrales de riego en función del agotamiento permisible de la humedad aprovechable (HA) sin afectar los niveles productivos del parrón (Figura 3).

Fig. 3. Registro del contenido de humedad en el suelo utilizando sensores de capacitancia.

De esta manera es posible establecer frecuencias y tiempos de riego que permitan, por una parte, satisfacer las demandas de riego estimadas con la metodología Kc-ETo descrita, humedecer zonas del perfil de suelo donde la densidad de raíces permita el máximo aprovechamiento del agua aportada y maximizar el potencial productivo de los recursos hídricos escasos.

Referencia: http://www.elmercurio.com/Campo/Noticias/Redes/2015/01/28/riego-uva.aspx