El 80% de los problemas de agua en Chile se resolverían con una buena gestión.

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Desde la carretera hídrica de Arizona, a las desaladoras de Israel y el cambio cultural en Ciudad del Cabo; el experto Pablo García, uno de los pocos hidrólogos que hay en Chile, recorrió estos lugares emblemáticos en materia de agua. En su búsqueda de soluciones, el académico de la U. de Chile llegó con un saldo positivo: es posible revertir la escasez del recurso hídrico en Chile, a pesar de la inexorable sequía y altas temperaturas anunciadas.

¿Por qué eligió Arizona, Israel y la República de Sudáfrica para investigar las soluciones que se aplican en materia de agua?

Arizona e Israel lideran la gestión del agua en el mundo, aunque se trate de dos sistemas de gestión totalmente distintos. Sudáfrica, por su parte, refleja el futuro de Chile, si no se hacen los cambios necesarios.

¿Qué destacarías de cada una de estas experiencias?

En Arizona, Estados Unidos, el sistema de gestión se basa en la importación de agua desde el río Colorado, mediante una gran carretera hídrica que distribuye el recurso, almacenándola subterráneamente en acuíferos. La eficiencia va desde la agricultura a una población educada en el cuidado del recurso, además de los incentivos estatales para cuidar el agua.

Israel, por su parte, se basa en la desalación; 100% del agua potable proviene del mar, la cual se distribuye dentro del país a través de una carretera hídrica, solucionando así el problema de abastecimiento, pese a ser una zona desértica. El 100% del riego agrícola y ornamental proviene de aguas tratadas, las que se liberan con nutrientes para así poder incrementar la productividad de los cultivos en el infértil desierto.

Finalmente, tenemos Ciudad del Cabo que es muy similar a Santiago; una metrópolis formada en una zona semi-desértica, que no generó políticas de cuidado del agua. La ciudad agotó sus recursos hídricos, teniendo que tomar medidas drásticas. Sin embargo, educaron a los ciudadanos y les enseñaron a valorar el recurso. Hoy en día, cada ciudadano tiene derecho a sólo 50 litros de agua al día y así la población se adaptó.

¿Cuáles son los aprendizajes de estas visitas?

Lo que se concluyó es que, más que tener abundancia de agua, lo importante es saber gestionarla. En este sentido, la eficiencia en el uso del agua se debe aplicar en todos los sectores. Una buena gestión puede resolver el 80% de los problemas hídricos de un país. Como hidrólogo, pensé que tenía un manejo global en la materia. Sin embargo, la experiencia de este viaje me permitió ver in-situ cómo cada país generó soluciones en función de su realidad concreta, aunque todas estas soluciones tienen una misma matriz, que es una gestión planificada del recurso.

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En ese sentido, ¿cómo estamos en Chile en materia de gestión del agua?

Chile es afortunado de contar con mucha agua; el gran problema es que no sabemos gestionarla y menos valorarla. Chile se está secando rápidamente, al mismo tiempo que el consumo de agua aumenta cada año. No estamos gestionando adecuadamente nuestro oro azul, porque esto es IMPOSIBLE si no sabemos con precisión cuánto estamos consumiendo. Por ende, y desde mi perspectiva personal, cada consumidor de agua debería tener un medidor fiscalizado por la Dirección General de Aguas (DGA), para saber con exactitud quién está consumiendo y cuánto, permitiendo así tener un adecuado control y conocimiento a nivel de cuenca.

Asimismo, es imprescindible conocer hidrológicamente nuestras cuencas, saber cómo se comportan frente a cambios en el clima y en el uso de la tierra, de modo que podamos asegurar un uso sustentable del agua en el territorio. Además, tenemos que reutilizar las aguas grises y, sobre todo, las aguas negras, esto bajo la creación de una política en la cual “no se pierda una sola gota”. Eficiencia en todos lados; esa es la clave.

¿Es posible una adecuada y eficiente gestión del agua considerando que Chile es un país que tiene un sistema privado del recurso basado en derechos de agua?

Esto sonará fuerte, pero de acuerdo a la experiencia internacional, y a mis conocimientos, la privatización del agua hace extremadamente difícil (sino imposible) la gestión adecuada de los recursos hídricos a nivel de cuenca. La privatización del agua es un sistema que sí funciona bien, pero sólo bajo escenarios de abundancia del recurso, lo cual ya no es ni será una realidad en Chile. Al respecto, se hace inevitable la ejecución de un cambio drástico, en el cual el Estado debe ser el dueño y administrador del recurso. En Israel, por ejemplo, todo aquel que consuma agua, ya sea un agricultor, una casa, una minera, etc., tiene un medidor de agua (una ley creada en 1958), lo que facilita enormemente la gestión del recurso. La realidad es, bajo escenarios de escasez, se debe conocer y fiscalizar muy bien el consumo.

Hoy sabemos que el gran consumidor de agua en Chile es la agricultura, llevándose cerca el 70% del consumo. ¿Qué podemos hacer e al respecto?

Aquí es importantísimo recaer en la tecnología y en la inteligencia. En otras palabras, por un lado, todo cultivo agrícola debe tener riego tecnificado, debe utilizar geles (que ahorran hasta 90% de riego), y debe controlar la evaporación del suelo mediante distintos métodos. Por otro lado, e igualmente importante, debemos ser astutos y saber qué cultivar y dónde, de acuerdo a la realidad hídrica de cada cuenca, es decir, no establecer cultivos de alta demanda en zonas donde el agua escasea.

Por último, ¿qué medidas inmediatas propone para aproximarnos a una adecuada gestión del agua?

Para evitar que la situación nacional empeore, se deben tomar urgentemente medidas políticas, técnicas, culturales y estructurales. Políticamente, se debe buscar una forma de desprivatizar el agua en Chile, pues de no hacerse, estaremos enfrentando un desastre nacional que terminará sin agua para nadie (ni siquiera para quienes tengan derechos de aprovechamiento). Similarmente, es urgente comenzar a tener un conocimiento más preciso de cuánto estamos consumiendo como país (aquí es donde deben instalarse medidores).

Técnicamente, debemos ser eficientes en todo tipo de actividad que consuma agua, sobre todo en la agricultura. La política debe ser que “Chile no pierde una gota de agua”, mediante la eficiencia en el riego y en la minería, reutilizando (y tratando) además las aguas negras para riego agrícola y de áreas verdes.

Culturalmente, es urgente que los chilenos despierten y comiencen a valorar y cuidar nuestra agua, lo cual se refleja, por ejemplo, en duchas cortas, almacenar y aprovechar las aguas lluvia, reutilizr las aguas grises y reemplazar el pasto por jardines que se vean bien, pero que no demanden agua (tal como se hace en Arizona).

Como se dijo anteriormente, el 80% de los problemas de agua en Chile se pueden resolver mediante una buena gestión. Sin embargo, la importanción de agua es algo inevitable. En este sentido, más de 40 países han solucionado sus problemas mediante la desalación, importando agua de mar hacia el interior a través de tubos, los que se bifurcan a distintas cuencas, y es ahí donde se desala el agua de acuerdo a las necesidades locales (minería, agricultura, potabilización). Similarmente, la construcción de una carretera hídrica para transportar agua desde el sur es otra opción importante, aunque se debe evaluar bien en términos económicos, técnicos y ecológicos, antes de tomar una desición. Una carretera hídrica costaría US$20 mil millones, mientras que la desaladora de Tel Aviv (la más grande del mundo que tiene una capacidad de 7 mil litros por segundo) costó alrededor de US$500 millones.

Fuente: www.forestal.uchile.cl